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November 04 Un cuento para no perder la esperanzaLuli y la nube gris
C-Lulita, como las demás células de su pueblo, era alegre, divertida, y siempre estaba sonriendo. Su piel era de un color azul cielo, casi transparente, y a veces tenía un brillo especial dependiendo de cómo se encontrase ese día. Aunque había nacido en Espinar de Arriba, un pequeño pueblo de la médula Espinar, Luli, como la llamaban todos, deseaba recorrer el Mundo, El Cuerpo Humano, tan desconocido para ella, y soñaba con poder visitar algún día otros países y encontrar a otras gentes.
En Espinar de Arriba se respiraba felicidad, pero un día, de pronto, algo cambió, apareció en el pueblo una célula gris que nadie sabía de dónde había salido, era de un gris tan intenso que sólo al acercarse a otra célula le contagiaba su color, y ésta se volvía también gris, se apagaba, y se le marchitaba la alegría, como una flor cuando llega el invierno. Y así se fueron volviendo grises, todas las células, una tras de otra, y de un día para otro, sin darse apenas cuenta, se posó sobre el pueblo una nube gris que pretendía quedarse para siempre. Todas se volvieron grises, menos una, sabéis quién era? Luli, era la única que con esas ganas de vivir, y esa ilusión de conocer, tenía tanta fuerza interior, que aunque una célula gris pasase por su lado no se contagiaba, pensaba que aún tenia muchas cosas que ver, sentir y disfrutar. Luli consiguió mantener la calma, pensaba, e intentaba tranquilizar a sus compañeras, pidiéndolas que no perdiesen la esperanza. Pensó que tal vez existiese alguien que pudiese ayudarlas, un lugar donde encontrar respuestas a todas sus preguntas. Por eso, tras recibir un beso de sus padres y aunque las demás la llamasen loca, ella cogió su mochila, metió en ella algo de abrigo, y algo de comer, y emprendió el viaje en busca de alguien que pudiese ayudarlas.
Se adentró entonces por el camino peatonal que hay en la Autopista de la Salud, que es la principal arteria que une todas las ciudades que forman el Cuerpo Humano, por ellas van todas la células y demás habitantes del Mundo corporal, cada uno sabe cual es su función, y todos se respetan. Por el camino iba feliz, aunque preocupada por las amigas que había dejado allí, bajo la nube gris de su pueblo, pero contenta de salir y conocer el mundo que había fuera. Caminó entre montañas de músculos y atravesó ríos de sangre, y cuando ya creía que no sería capaz de seguir adelante, vio a lo lejos lo que parecía una ciudad enorme, con sus edificios y todo. Los ojos se le abrieron como platos y su corazón volvió a latir con fuerza. Cuando llegó, vió que todas las células que allí habitaban llevaban trajes azules, le preguntó a la primera que se paró a su lado que qué país era este, y esta le respondió: -estás en Enépola, la capital de Limbia, donde vivimos las células Enépolis, encargadas de la conservación del organismo. -Ah, si? Y qué hacéis vosotras para conservarlo? -Las Enépolis trabajamos la depresión, y luchamos contra la desesperación, y el stress emocional. - Oh, pues eso es precisamente lo que necesito, porque de donde yo vengo, las gentes han perdido la esperanza, están tristes y deprimidas, tal vez vosotras me podéis decir cómo ayudarlas. -Vale, ven conmigo. Te enseñaré la ciudad. Aquí aprenderás cómo ayudar a tus amigas. Y así fue cómo Luli se quedó un tiempo en Enépola, donde aprendió el arte del autocontrol, la disciplina, el esfuerzo, y cómo transmitir esperanza a los demás, empezando por uno mismo. Conoció a la máxima autoridad de Enépola, el Sr. Noinnora, cuya virtud es la sabiduría. Y de él aprendió que uno nunca deja de aprender. Compartiendo el día a día con estas células, Luli se dio cuenta de que la mayor virtud de las Enépolis es la fuerza de voluntad.
Antes de despedirse de la Señora Constancia, ésta le dijo que cerca de allí había otra ciudad donde sus habitantes podrían ayudarla. Así que, cogió su mochila, la llenó de botellitas de Guanviví, que es la bebida de las Enépolis, que les da fuerza y ganas de vivir, y un poco de pan de ánimo, para que no le falte el ánimo en el camino.
Con toda la fuerza de voluntad que había adquirido, emprendió su camino, parando de noche para descansar y caminando de nuevo durante el da. Tras tres días de viaje, divisó a lo lejos la ciudad de Énia, capital de Inmunia. Tras unos días entre las células naranjas que allí vivían, las Ínias, se dio cuenta que su trabajo era reciclar las células machacadas o contagiadas, curarlas y devolverles la salud y el brillo que tenían cuando estaban sanas. Las células enfermas iban al Balneario de aguas termales que había en Enia donde descansaban y recibían masajes y atención psicológica para volver a su trabajo con el 100% de su capacidad.. Allí había células de todas partes de Cuerpo Humano, preguntó entonces Luli a la máxima autoridad de Enia, que era la Sra. Tó-lo-cura, si sus amigas, las células ahora grises, de La Médula Espinar podían venir a curarse en su Balneario, y la Sra Tó-lo-curta le dijo que por supuestísimo, que para eso estaban, pero que primero tenían que pasar por Enépola para quitarse la depresión, coger autoestima, y llenarse de fuerza de voluntad. Para luego así poder curarse en el balneario, pues al bañarse en sus aguas termales volverían a recuperar su color azul, casi transparente que siempre habían tenido. Luli se llenó de alegría al saber que allí podrían recuperarse sus amigas, estaba deseando volver a casa para contarles a todos que había una esperanza, que existía un lugar donde podían curarse, pero aun pasó entre las Inias un tiempo más para recuperar fuerzas y el brillo especial que tenía a veces. Antes de marchar, la Sra Tó-lo-cura le confesó su lema secreto: “Querer es poder”.
La Sra Tó-lo-cua le dijo que para volver a su casa no tenia que hacer el mismo camino de vuelta, había uno más corto, pasando por Enalú, la capital de Reciclona, y así lo hizo, y pasó la noche en la ciudad de las Enalas, las células de color amarillo. Pensó que había hecho bien pasando por Enalú, porque tuvo la oportunidad de conocer otro lugar más donde poder coger fuerzas para seguir el camino de la vida. Enalú es un lugar donde puedes mandar tus células cansadas, porque hay un equipo terapeútico llamado Ponte las Pilas, que se encarga de darte las herramientas para que tú y solamente tú restablezcas el orden en tu vida. Existe una escuela, Otravéakí ? , donde les recibe la Srta. Ayquevé a la cual también pueden ir las células reincidentes para reeducarse. En Otraveaki? se les explica cuál es su función en la vida, que a ellas por mala memoria a causa del exceso de trabajo se les ha olvidado, y se han salido de la autopista de la salud. Para poder volver a la autopista tienen que pasar una serie de pruebas, como si se sacaran otra vez el carnet de conducir. El primer examen se llama: lochungoFuera . Hablando con la señora Constancia, que era la máxima autoridad en la ciudad, aprendió que uno no pierde hasta que no se rinde.
Y ya curada de todo mal, Luli, con toda la fuerza de voluntad, la esperanza dentro de su corazón, y el deseo de ser útil a los demás, emprendió su viaje de vuelta para llevar esa esperanza al corazón de sus amigas y mostrarles el camino hacia la curación, el regreso a la vida.
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